Actividades extraclases: Cuando rendirse?
Cuando queremos rendirnos antes que ellas: cómo lidiar con la frustración cuando tu hija quiere abandonar una actividad en la que sabes que es buena
Como madres y guías de nuestros pequeños, tambien pasamos por momentos difíciles, de dudas, también implica aprender a manejar nuestras propias emociones.
Especialmente esa mezcla incómoda de frustración, cansancio y ganas de tirar la toalla cuando vemos que nuestra hija quiere abandonar una actividad en la que —objetivamente— es buena.
Hablamos de tiempo invertido, sacrificios, dinero, traslados, horarios imposibles… y de esa vocecita interna que dice: “¿Por qué no lo ve? ¿Por qué no sigue si tiene talento?” Bueno querida madre o padre, no estas solo, creo que nos pasa a todos.
La frustración materna también es real (y válida)
Empecemos por algo importante: lo que sientes es normal.
Cuando una madre se frustra ante el abandono de una actividad, no suele ser porque quiera imponer, sino porque:
- ha visto el potencial de su hija
- ha observado su avance
- ha presenciado momentos de disfrute reales
- ha invertido energía emocional en ese proceso
Aceptar que tú también te cansas no te hace una mala madre. Te hace humana.
El problema no es sentir frustración.
El problema es qué hacemos con ella.
Talento no siempre significa disfrute constante
Uno de los mayores errores que cometemos —con la mejor intención— es confundir ser buena con tener que continuar.
Una niña puede ser buena en algo y aun así:
- sentirse presionada
- estar atravesando una etapa emocional distinta
- necesitar una pausa
- sentirse saturada
El talento no desaparece porque se detenga.
Pero la motivación sí puede desaparecer si se fuerza.
Antes de hablar con tu hija, habla contigo
Cuando una hija quiere abandonar, el impulso suele ser reaccionar de inmediato.
Pero el paso más importante ocurre antes de esa conversación.
Pregúntate con honestidad:
- ¿Estoy frustrada por ella o por mí?
- ¿Tengo miedo de que desperdicie una oportunidad?
- ¿Me preocupa el qué dirán?
- ¿Estoy agotada y esto fue la gota que colmó el vaso?
No para culparte.
Para ordenarte emocionalmente antes de acompañarla.
Diferenciar cansancio emocional de desinterés real
Muchas niñas no quieren abandonar la actividad, sino la presión alrededor de ella.
Señales de cansancio:
- irritabilidad antes de ir
- comentarios como “no quiero ir hoy”
- resistencia puntual
- baja tolerancia a la frustración
Señales de desinterés real:
- no habla nunca de la actividad
- no disfruta ni los logros
- se desconecta emocionalmente
- pide dejarla de forma persistente
Observar sin interpretar de inmediato cambia completamente la conversación.
El peso invisible que cargamos las madres
Hay algo que casi nunca se dice en voz alta:
muchas veces somos nosotras las que ya no podemos más.
El tráfico.
Los horarios.
El trabajo.
La casa.
La logística mental constante.
A veces, cuando decimos “mi hija quiere dejar”, en realidad estamos diciendo:
“yo ya no tengo fuerzas”
Y eso también merece cuidado.
Cómo hablar con tu hija sin proyectar tu frustración
La forma en que hablamos puede acercarnos o cerrar por completo el diálogo.
Evita frases como:
- “Con lo buena que eres…”
- “Todo lo que hemos invertido…”
- “Más adelante te vas a arrepentir”
Prueba con:
- “Quiero entender cómo te sientes”
- “¿Qué es lo que más te pesa ahora?”
- “¿Qué parte ya no disfrutas?”
Escuchar no significa aceptar de inmediato.
Significa construir confianza.
Pausa no es abandono (y esto cambia todo)
Una de las decisiones más sanas es redefinir el concepto de abandonar.
A veces no se trata de dejar, sino de:
- reducir frecuencia
- cambiar de profesor
- ajustar expectativas
- tomar un descanso consciente
Decir “paramos por ahora” en lugar de “dejamos” baja la carga emocional para ambas.
Cuando sabes que es buena… pero ella no lo siente así
Aquí hay un punto delicado:
el talento que tú ves no siempre coincide con la experiencia interna de tu hija.
Tal vez:
- se compara con otras niñas
- siente que nunca es suficiente
- disfruta crear, pero no competir
- ama la actividad, pero odia la evaluación
Ser buena no siempre se siente bien desde dentro.
Tu rol no es convencerla de su talento, sino ayudarla a reconciliarse con la experiencia.
Enseñar constancia sin imponer permanencia
La constancia es un valor importante, sí.
Pero se enseña mejor cuando:
- hay acuerdos claros
- existe un tiempo de prueba razonable
- se valida el esfuerzo
- se permite la reflexión
Constancia no es obligar.
Es acompañar procesos con sentido.
Y si al final decide dejarla…
Si después de escuchar, ajustar y acompañar, tu hija decide dejar la actividad, recuerda esto:
Nada de lo aprendido se pierde.
La disciplina, la técnica, la sensibilidad, la experiencia… todo queda.
Y más importante aún:
aprende que su voz importa
que puede elegir
que su madre la acompaña incluso cuando no coincide
Eso es una base emocional mucho más poderosa que cualquier actividad.
Cuidarte a ti también es parte del proceso
No puedes sostener con calma lo que te desborda.
Permítete:
- reconocer tu cansancio
- pedir ayuda
- simplificar
- soltar la culpa
Una madre regulada emocionalmente es el mejor apoyo para una hija en proceso de descubrimiento.
Conclusión: no es rendirse, es aprender a acompañar
Lidiar con la frustración cuando tu hija quiere abandonar una actividad en la que sabes que es buena no es fácil. Pero es una oportunidad profunda para crecer juntas. A veces no se trata de insistir más. Sino de escuchar , ajustar expectativas y confiar en el proceso de tu hijo o hija. Por que recuerda que no son tus expectativas, es su vida la que el mismo esta formando, criar no es dirigir una vida, es caminar al lado de tu hijo, incluso cuando el camino cambia.
con amor,
La mama de Alle